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La Villa Navarra de Fitero

Así como el primer monasterio de Fitero fue invadido por los vecinos turiasonenses, provocando su refundación monástica y un cambio en su jurisdicción eclesiástica en detrimento de la sede episcopal calagurritana a la que originariamente pertenecía, el definitivo monasterio de Fitero fue invadido por los vecinos de Navarra, que lo colonizaron, fundando en su Cortijo la primera villa de Fitero, en detrimento de sus orígenes castellanos.

Los fallidos intentos por repoblar la villa castellana de Tudején, en la que se encontraba su fron-terizo castillo y el monasterio de Fitero, durante el siglo XIII y principios del XIV, hicieron que éste se convirtiera en un atractivo botín para el vecino reino de Navarra, entonces vinculado a la Corona de Francia. A principios de 1335, el botellero del rey de Francia y gobernador del reino de Navarra, Enrique de Sully, comenzó a asegurar las defensas de las villas de la merin-dad de Tudela, como paso previo al inicio de una inminente guerra con Castilla. Fue entonces cuando Alfonso XI de Castilla tuvo conocimiento de que el gobernador de Navarra había enviado tropas al monasterio de Fitero, invadiéndolo por la fuerza y asentando en su Cortijo los colonos navarros que fundaron la primera villa de Fitero. El 30 de junio, las tropas castellanas de Alfaro reconquistaron el castillo de Tudején y se lo devolvieron al abad de Fitero, a la vez que, en el otro extremo de la frontera con Navarra, los castellanos habían iniciado el fallido asedio del fronterizo castillo de Ataún, dando así comienzo la nueva guerra entre ambos reinos. Mes y medio después, los castellanos también recuperaron el dominio sobre el fortificado monasterio de Fitero, matando a dos hombres en el propio altar de su iglesia. Mientras que, durante el mismo día, los navarros expulsaron a los castellanos que estaban defendiendo el castillo de Tudején y, poco después, se volvieron a hacer con el dominio del monasterio de Fitero. A primeros de septiembre, Enrique de Sully mandó transformar el monasterio de Fitero en una verdadera fortaleza militar, construyendo camaranchones sobre su iglesia y barreras ante sus puertas. Además, envió refuerzos a los más de 250 navarros que allí había para su defensa, sin contar a los 100 ballesteros que también desplazó desde Tudela, con la esperanza de poder aguantar la embestida del ejército castellano, concentrado en la vecina Alfaro, a primeros de noviembre. Sin embargo, el ejército castellano no atacó Fitero sino que se dirigió a Tudela, en cuyas puertas venció a las tropas navarro-aragonesas, y, al día siguiente de esta famosa batalla de Tudela, es cuando, sin enfrentamiento alguno, recuperó tanto del monasterio-fortaleza de Fitero, como su castillo de Tudején. No obstante, poco después de que se retirara el ejército castellano, dejando el monasterio de Fitero en manos de los cistercienses y duran-te el mismo mes de noviembre, los navarros reorganizaron su ejército y volvieron a invadir y conquistar este monasterio-fortaleza y su castillo de Tudején.

La amenaza de una nueva ofensiva musulmana por el sur de la península Ibérica, motivó la in-tervención del Papa Benedicto XII para que ambos reyes cristianos restablecieran la paz en su frontera y aunaran fuerzas frente al enemigo común. Así, en 1336, dio comienzo un largo pleito diplomático que concluyó en octubre de 1374, con el laudo arbitral del legado papal y cardenal Guido de Boulogne, que falló a favor de los navarros. Seguramente tras haber sido sobornado por éstos y después de que se hubiera generado la documentación falsa con la que pretend-ieron demostrar que el monasterio de Fitero había sido construido en los términos de la vecina villa navarra de Corella. A pesar de lo cual, tras la incorporación del monasterio de Fitero al reino de Navarra, mantuvo su señorío monástico sobre su Coto Redondo. Si bien éste quedó dividido, casi por la mitad, los reinos de Navarra y Castilla, y no sufrió ningún otro cambio ya que ni se re-pobló la villa navarra del Cortijo de Fitero, ni la del despoblado de Tudején.

La torticera incorporación del monasterio de Fitero al reino de Navarra no acabó de ser aceptada del todo por los castellanos, especialmente por los vecinos de Alfaro, que no dejaran de intentar recuperar para Castilla las antiguas posesiones del monasterio de Fitero, hasta que el reino de Navarra acabó siendo conquistado por aquél, en 1515. Destacando, entre estos intentos, el de 1507 ya que, en esta ocasión, las tropas alfareñas invadieron, saquearon y destruyeron los monu-mentales edificios romanos de los Baños de Fitero.

Aún pueden verse las huellas propagandísticas del pleito diplomático que acabó con la incorporación del monasterio de Fitero en el reino de Navarra, pero no en Fitero sino en el mon-asterio de La Oliva. Concretamente en su portada, cuya remodelación debe datar precisamente de alrededor de 1336, pues en ella están representadas dos figuras provistas de báculo abacial, una a cada lado de su monumental puerta: A la derecha, San Bernardo, como abad mitrado y en una clara referencia a una de las figuras más destacadas de la Orden de Cister, y, a la izquierda, el abad San Raimundo de Fitero, sin mitra pero con una coraza adornada con una gran Cruz de Calatrava.

La explicación de la aparición de San Raimundo de Fitero en la puerta principal del monasterio de La Oliva se debe al destacado papel que desempeñaron los monasterios cistercienses navarros y particular-mente éste, en 1336, durante los inicios del juego diplomático entre las cortes castellana y navarra, y bajo la sombra papal. Se trata de un acto claramente propagandístico, cuyo objetivo era el de recordar que este primer monasterio cisterciense de Navarra, el de La Oliva, se había originado como una granja del monasterio fundado por el primer abad de Fitero que, a su vez, era el fundador de la prestigiosa Orden Militar de Calatrava. Con lo que con su presencia en la puerta del monasterio de La Oliva se establecía la existencia de un claro vínculo entre este monasterio navarro, el primero de la Orden de Cister fundado en Navarra, y el majestuoso y fortificado monasterio de Fitero, que entonces se intentaba que formara parte de Navarra.

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